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sábado, 20 de noviembre de 2010

Visita al fondo antiguo

El jueves pasado realizamos la visita al fondo antiguo de la Biblioteca General de la Universidad de Sevilla, que resultó... fascinante.
Poder ver desde tan cerca libros tan antiguos y raros se antoja emocionante para cualquier persona, sobre todo para un amante de los libros.
El deterioro es el regalo que el paso de los siglos da a los libros, un regalo que puede parecernos cruel, pero en cierto modo también mágico, porque es testigo del peso de los años, un peso que no ha podido acabar con las palabras que pueblan esos universos de papel y pergamino. "Verba volant, scripta manent" las palabras vuelan, y lo escrito permanece, aunque en muchas ocasiones no es así, ya que el deterioro, implacable a veces, se ceba con los inocentes escritos. Pero para combatirlo también contamos con los restauradores (¡Benditos sean!) que, aunque sus servicios sean caros, realizan algunos trabajos bastante buenos, como pudimos comprobar.
La ingenua geografía bajo medieval, la preciosista laboriosidad de editores de micro-libros, el gran detallismo de algunas letras capitales, y la mano del censor tachando las frases que más le disgustaban, son algunas de las cosas con las que nos pudimos deleitar.
Ya estoy deseando volver.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Las bibliotecas universitarias y sus fondos


Desde el desconocimiento, puede que la colección de una biblioteca nos transmita la sensación de quietud y estabilidad. Nada más lejos de la realidad, las colecciones de las bibliotecas, y me estoy refiriendo sobre todo a las universitarias, son muy cambiantes.
En una biblioteca universitaria la renovación del fondo es fundamental. Los profesores e investigadores necesitan las últimas publicaciones que le interesen, por lo que una biblioteca de este tipo adquiere muchas revistas científicas, de las cuáles la mayoría son ya electrónicas. A su vez, los profesores también piden libros para sus alumnos, incluso los mismos alumnos pueden pedir los libros que estimen necesarios. Estas peticiones, por supuesto, deben estar justificadas, y es tarea del bibliotecario comprobar la conveniencia de comprar o no de los ejemplares solicitados. Hubo un tiempo, sin embargo, en el que el profesor era una imagen más importante que el bibliotecario, por lo que éste aceptaba a conseguir todo el material que aquél le exigía, sin tener un control sobre la necesidad de lo que el profesor pedía. Esta laxitud en el control daba lugar a que las bibliotecas universitarias sirvieran al interés personal del profesor y no al interés de la universidad.
Pero no todo queda ahí, sino que también las colecciones bibliotecarias también engordan gracias a donaciones y al intercambio con otras bibliotecas.
Con todo esto creo que queda bastante claro que las colecciones bibliotecarias no son para nada estáticas, sino bastante cambiantes y dinámicas.